Aprender en compañía no siempre es fácil; requiere pausa, confianza y perderle el miedo a equivocarse.
Este mes he tenido la oportunidad de participar en el monográfico Trabajo colaborativo: aprendiendo juntos de la revista Educación 3.0, en un reportaje elaborado por la periodista Regina de Miguel junto a profesionales de la UOC, la Fundación EducAcción, la Universidad de Barcelona y ESIC. La propuesta busca reflexionar sobre cómo estamos enfocando actualmente la enseñanza en grupo y qué herramientas necesitamos realmente en el aula.
En mi intervención señalo una idea central: el aprendizaje cooperativo no puede funcionar con las prisas del día a día. Para que surja una verdadera colaboración, es necesario plantear ritmos de trabajo mucho más pausados que permitan a los estudiantes debatir, contrastar opiniones y pensar de forma crítica sin la presión constante de cumplir con un calendario rígido.
Asimismo, defiendo la necesidad de crear espacios donde el error se entienda como una parte natural del proceso de aprendizaje, y nunca como algo que deba ser penalizado. Cuando los alumnos pierden el miedo a equivocarse, se sienten seguros para explorar nuevas soluciones y construir un conocimiento mucho más sólido y duradero frente a los retos de su entorno.